Cuando se tiene la razón, ni se grita ni se insulta, la
conducta del exponente es quien la refrenda.
Tan agredido resultó en su gestión el presidente Ronald Trump que a unos
días de terminar su mandato para muchos
doblemoralistas, que
bendicen la biblia junto con las leyes
estadounidenses, ya se les olvidó que sigue siendo todavía el presidente de los
Estados Unidos y de las tierras que se decían bendecidas por el respeto y la democracia.
Los canales televisivos gringos que desnudan a los mandatarios latinoamericanos
como supuesto ejemplo de la transparencia pública sin candados, ahora ocultan desesperadamente la confrontación y
la crisis ideológica de un imperio que aromatiza el declive y ante la desesperación de la falta de argumentos, han tenido que mostrase tal y como son, mediante la grosería. Trump sentenció la manera en que ha
sido censurado y sacadas de contexto sus declaraciones, lo que por cierto nunca
ocurrió con los genocidas de los Bush, pero que la historia los ha colocado en su justo sitio. Quizá el
derrumbe de las torres gemelas, fue el punto explosivo de reflexión para muchos
ciudadanos de los Estados Unidos para intentar
la planeación de una nueva alternativa de gobierno sin prioridades bélicas ni
objetivos neoliberalistas, y lo encontraron a largo plazo en Trump, a pesar de querer
manipular la percepción latina para desaprobarlo, por parte de las fuerzas direccionales, que anteriormente habían enamorado a un sector racial delpaís con un mandatario negro. A lo largo de su gobierno y con un dispositivo que le brindaba contacto directo con los ciudadanos mediante las redes sociales, informaba su se enfoque a la recuperación laborista para después
continuar por consecuencia con la económica, y sobretodo restablecer el orden
fronterizo con la amenaza de la construcción de un muro, como estrategia
negociadora y también distractora, para sus oponentes que mordieron el anzuelo
mientras el neoyorquino realizaba otras políticas de avanzada. Ahora no existe más que el argumento del insulto
para quienes tuvieron que efectuar mecanismos desleales para una contienda democrática y que empañan la
transparencia. En su relación política con México; Donald Trump es el primer
presidente de los Estados Unidos que tiene a un homólogo en su frontera sur,
que no llegó por medio del fraude electoral o la trampa electorera, y que
aborrecía tanto al mandatario mexicano impuesto, que fue Peña Nieto, como tanto
llegó a admirar al mandatario mexicano
actual. Ayer en sus últimas palabras
como presidente del Imperio invasor a ocho días de dejar el cargo, el presidente Donald
Trump, agradeció al presidente de
México su profesionalismo que no puede llegar a ser posible sin
legitimidad, aunque pocos saben la definición profunda de la palabra
legitimidad. “Quiero agradecer al gran presidente de México, Andrés Manuel
López Obrador su relación profesional de trabajo”, dijo el hombre que logró
llevar al éxito a enormes firmas. -“él es un gran caballero, y es un hombre que
realmente sabe lo que está pasando. Ama a su país y también ama a Estados
Unidos”-, agregó. Más en www.somoselespectador.blogspot.com