lunes, 23 de abril de 2018

LO QUE NO SE ATREVIO A DECIR LOPEZ OBRADOR EN EL DEBATE












Hay un principio máximo en la política que señala que un candidato ambicioso de votos más que de propuestas, no debe enfrascarse en temas comprometidos y de difícil explicación; tal y como lo ha hecho Andrés Manuel López Obrador al proponer la amnistía como una posible solución para la reestructuración del Estado de Derecho ante la violencia que se vive, y tal propuesta ha sido un nuevo nudo para el candidato morenista, para que sea visto con temor por algunos electores, debido a que la Amnistía sería un acto inédito en la historia del México moderno, aunque esté contemplado en nuestra legislación, pero que tanta incertidumbre causa por la ignorancia y dolo de quienes la describen, como parte de la guerra política sucia  con el fin de descalificar y sembrar miedo en el candidato proponente. En el pasado debate de presidenciables, López Obrador no explicó ni la manera en que se podría emplear la amnistía, ni la razón por la cual debería ser empleada, ya que nada se ha dicho, de que la violencia que sufre nuestro País, no solamente es producto del Crimen Organizado y de imitadores al mismo; sino que también, existe un movimiento terrorista a lo largo y ancho del territorio con el fin de desestabilizar, dividir y militarizar a México. La guerra terrorista que Calderón disfrazó de  Guerra contra el narcotráfico, comenzó con el estallido de una bomba en el festejo de  un grito de independencia realizado en la tierra en donde nació el Presidente en turno -Felipe Calderón- que  es Michoacán,  y de ahí  en adelante, comenzó la lista de desaparecidos, asesinados y descabezados, lo anterior fortalecido con  alborotadores sociales  que se manifestaron en la toma de posesión de Peña Nieto y  después  del gasolinazo; así como con  asesinos a sueldo que  han impuesto su propia ley y territorialidad.  Lo que no se atrevió a decir Andrés Manuel López Obrador  es que las muertes de media centena de mexicanos diarios, es producto de acciones terroristas que han tenido aparador luminoso en los medios de comunicación y que combatir dichos actos violentos debe implicar métodos extremos al no tratarse de un combate común contra el crimen organizado cuyo fin es la ganancia económica y no la fábrica de hacer muertos por la muerte misma,  como prioridad. La amnistía no debería ser descartada para esta solución ni tampoco aceptada automáticamente porque el candidato más apoyado a ocupar la presidencia, lo dice. Tampoco, la Amnistía  es una llave maestra para dejar en libertad delincuentes, ya que para que se realice la misma, primero debe existir la captura y un juicio penal a los delincuentes o entrega de los mismos, y posteriormente ser reconocida por el congreso, al no ser una acción que emane del Presidente de la República como ocurre en el caso del indulto. La legislación procesal mexicana ha sido enmarcada siempre con la contemplación del perdón del ofendido para resolver conflictos por lo que la recuperación de la paz no debería estar exenta de ello, por el simple rencor colectivo o la reacción de violencia por la violencia.  Sin embargo para que sea aceptada la amnistía por convencimiento propio y que no se aproveche el tema de carácter satánico por los candidatos mal intencionados; primero se tiene que explicar su figura jurídica, conjuntamente, a no decir verdades a medias, y reconocer que los crímenes que se presentan minuto a minuto en el territorio mexicano, no se trata de  una lucha contra la delincuencia organizada común,  sino una guerra contra el terrorismo, como el que se presenta en países europeos pero con otros fines y métodos, pero por desgracia, más perversos y constantes. Resulta ingenua,  la hipótesis que argumenta que la amnistía dejaría de manera indiscriminada a los delincuentes en libertad como ahora lo hacen muchas autoridades, alentando a la impunidad; cuando  la amnistía es un instrumento con el fin de desaparecer acciones delictuosas a cambio de acciones de reintegración política y no un perdón como cheque al portador sin medidas de reparación. La propuesta obradorista  no debe ser menospreciada ni tampoco aceptada de manera incondicional, pero lo peor que puede ocurrir, es alimentar al terrorismo con terrorismo,  como irresponsablemente lo han hecho Margarita Zavala, José Meade, Ricardo Anaya, Jaime Rodríguez Calderón y otros corruptos de la política, que han contribuido al México violento y aterrorizado, que hoy vivimos, y que si no detenemos urgentemente, podría ser arraigado en nuestra cultura como ocurrió con la corrupción.  López Obrador no se atrevió  a decir en el debate celebrado el día de ayer entre los presidenciables, cuál es el verdadero fenómeno violento que ocurre en el país y quienes lo están propiciando, ya que  es importante no sembrar más pánico pero si aterrizar el problema. Si no reconocemos al enemigo en esta guerra, será difícil enfrentarlo para terminar con ésta, ya sea con amnistía o con más acciones bélicas.