viernes, 12 de agosto de 2022

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ALGUIEN TIENE QUE DECIRLO.-El fraude electoral de Felipe Calderón apoyado por el gobierno de los Estados Unidos y la operación de legitimación para el  espúreo, no fue más que el pacto para que el terrorismo pudiera entrar a México con nuevas dimensiones y en  tapetes rojos por la puerta principal. En el territorio nacional, solamente se registraban actos terroristas aislados, como ocurren en menor escala en todo el mundo, tal y como ocurrió  en aquel  desfile militar en donde se atentó contra varias  aeronaves en el sexenio de Ernesto Zedillo con lo que se suspendió en años posteriores, el desfile aéreo. Después la presencia terrorista  provocó  los feminicidos en Ciudad Juárez, como un plan de control criminal latinoamericano. Pero la inauguración del terrorismo en México con fines de dominio, se dio en el grito del 15 de septiembre del 2008 en Morelia, Michoacán,  en donde se lanzaron  granadas en contra de la población civil,  justo en el Estado del país en donde nació en 1962 quien era el presidente fraudulento. El 11 de agosto 2022, también debe señalarse como una fecha del antes y después en el calendario criminal, ante el ataque a civiles en Ciudad Juárez, Zapopan, León y Celaya por  grupos terroristas. Las causas y procedimientos  criminales, son tan evolutivos como las sociedades, por lo que la lectura de que los asesinatos masivos realizados en esta semana son a causa de  la lucha entre grupos criminales, o la conquista de territorios y liderazgos del narcotráfico, resultan diagnósticos rebasados y no apegados a la realidad actual, y parecidos a aquellas conclusiones que señalan que el crimen organizado ausenta a empresarios, cuando la mayoría de los grandes empresarios pertenecen al crimen organizado. El ataque a civiles, desaparecidos y noticias las veinticuatro horas del día sobre  asesinatos y asaltos comunes, no son más que un conjunto de acciones preinvasoras del imperio policíaco y militar  extranjero, basadas en el terrorismo formal y el terrorismo real. No dudamos que las nuevas generaciones de narcotráficantes  hayan ampliado sus acciones delictivas en secuestros y reclusiones terroristas, pero la mayoría de estos grupos, buscan recaudar recursos económicos y no gastos criminales inútiles, buscan la manipulación de quienes le pueden brindar la mano de obra, aparentar ser bondadosos  al ayudar a su pueblo y a su iglesia, para  conservar la complicidad de las poblaciones para su defensa y conservar nexos laborales de sembradío y  fiel vigilancia . En cambio el terrorista, se basa en grupos perversos de enajenación conceptuada, en adicción por matar, en la especialización  en la destrucción  más que  en el asalto. Las acciones delincuenciales y no terroristas, han sido controladas en este sexenio de saneamiento corruptivo al igual que a las asociaciones civiles que viven en la coordinación criminal disfrazadas de acciones ciudadanas en contra de la delincuencia, pero  lo que no se ha logrado reducir ni controlar, son aquellas acciones terroristas  toleradas en el sexenio calderonista y hoy descontroladas en su ataque,  en el sexenio lópezobradorista;  tal y como  era predecible, que llegarían con mayor fuerza,  ya que antes contaban con acciones originadas solamente en la   destrucción y ahora no solamente cuentan con acciones motivadas en la  destrucción sino también en  la recuperación militar y política. La complicidad de las fuerzas armadas en la repartición  de marihuana que ahora  se considera una droga  en vías de legalización en el mundo, y de las drogas sintéticas bajo el ambicioso dominio de guardianes estadounidenses,  como causa de este desatado ataque a civiles por criminales, es desacertado, pero convenientemente aceptado, cuando de lo que se trata es de  ocultar una guerra por la invasión soberana más que territorial, cuya única vigencia en el diagnostico, es aquella doctrina de principios del siglo pasado, en donde James Monroe consideraba a los Estados Unidos como todo América excluyendo a las otras culturas y naciones, bajo el principio y  mandamiento de "América para los americanos".  Reconocer actos terroristas  efectivos en México, por parte del Presidente López Obrador, sería un paso para confirmar el obvio diagnóstico pero también un boleto de entrada libre para la invasión del gobierno extranjero más poderoso del mundo, en aras falsas,  de cuidar a sus ciudadanos cercanos al peligro y en usar la capa roja como "defensores" del mundo. Finalmente la verdad absoluta no existe, y es la historia que hace del presente, un antecedente del pasado, por encima de las percepciones periodísticas.